Capítulo VIII. 3ª parte. El cerdo.

Las palabras son importantes y las frases son importantes. En la vida, las palabras son importantes. A todos nos gusta que se nos hable con respeto, con elegancia, sin gritos ni malos modos. Hay gente sin embargo que solo sabe expresarse como los cerdos. ¿Alguien ha visto la matanza del cerdo? Al pobre animal lo ponen sobre una mesa, y mientras varias personas lo cogen de las patas, un tercero le mete un cuchillo por el cuello, le corta la yugular. La sangre comienza a manar, como un rio rojo, humeante, mal oliente. EL cerdo grita, se desgallita, intenta decirnos que le perdonemos la vida. ¿Alguien ha oído al cerdo gritar?, ¿alguien? YO sí, en mi oficina lo oía cada día. MI pobre jefe pedía a gritos que le salvásemos la vida, pero no lo entendíamos, como al cerdo. Como el cerdo, no se expresaba con claridad.

¿Por qué pedir que no fallen los programas, cuando lo que fallan son las ventas? Esto fue su error, dejarse comer la cabeza por la ballena. EL cerdo fue devorado por la ballena. Me atacó día tras día. “el programa falla..”, “el programa falla..”, señor! Los programas fallan si no hay un plan de pruebas, y un plan de pruebas no consiste en que el programador pruebe y lo pase al cliente. Señor! Que paciencia he tenido!, cuánto he aguantado! Su problema es que no ha vendido nada en cinco años, ese es su problema. EL problema es que su empresa no vende y yo no le voy a decir el porqué.

Para no mentir, la empresa de mi jefe ha hecho una venta en cinco años. Un desastre total. Ha confiado en quien no debía y ha humillado, vejado, defenestrado, atacado, menospreciado, injuriado, engañado, mentido, a éste, el que os escribe. El Señor dará a cada uno lo que se merece, y para aquellos que no creen en el Señor, suficiente desgracia tienen con creer que tras una vida de mierda, tras una vida en la que no ha dejado tras de sí mas que empresas vacías, tras una vida en la que no hay un solo amigo que te recuerde con cariño, una sola persona, un solo animal, tras una vida de soledad, tras esta vida, se mete en una caja, se quema, y se acabó.

Las siete, me largo a casa.

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Capítulo VIII. 2ª parte. Tarde de Reyes.

Era una mañana de Reyes, por la tarde había quedado con mi chica para ir a la cabalgata, comer el rosco y pasar un buen rato. Que gustazo, la tarde libre. Esta ocasión se daba pocas veces en la empresa. Podríamos decir, que no se regalaban muchas horas libres a los empleados, el tiempo es tiempo, y vale dinero. Claro, la empresa está para ganar dinero, no para dar tardes libres. Cuánto han de aprender algunos!.

-“Pablo, pasa un momento”.

-“¿Si?”

-“Esta tarde vente a las cuatro que tenemos que comentar una  cosa”.

A la mierda mi tarde libre!

 

¿Qué sorpresa me tendría preparada el campeón de mi jefe?

Ya en la mesa, me encuentro rodeado por las dos figuras, el campeón del mundo y su pelota gorda. Sí, la ballena de la que hablaba hace un momento, había entrado a trabajar, era un compañero más. Bueno, lo de compañero sería discutible, ya que por aquella época ya había ejercido de chivato en contra de mis compañeros reales. Qué lástima, lo tratamos como a uno más y nos lo pago como un puerco chivato. “papa, papa, el programa se rompe”, “papa, papa, nadie me hace caso”, “papa, papa, yo tengo que arreglar lo que rompen los demás”, “papa, papa….”. En la cárcel a este tipo de personas, se les abre el ojete y se les mete el palote, si haces eso en el ejército, bueno, no sé lo que te harán en el ejército, pero nada bonito, desde luego. ¿Saben lo que se les hace a esas personas en algunas empresas?

-“pablo, a partir de ahora esta persona será el nuevo jefe comercial”

Azul, verde, morado, gris, rojo, en fin, estoy enumerando los colores de mi cara al oírlo. Qué bonitas palabras, que campeón es mi jefe, el ayudante de zapatero va a ser jefe comercial. Increíble.

Se habría ante nosotros un nuevo futuro, un futuro prometedor, un futuro donde las ventas se iban a suceder una tras otra, un futuro en el que íbamos a despegar por fin, olvidando tiempos menos proclives. Realmente, teníamos ante nosotros, el principio de la era del caos, la era del mundo al revés, la era más negra que jamás he vivido.

Las siete de la tarde. Me fui a ver la cabalgata.