Capítulo VIII. 2ª parte. Tarde de Reyes.

Era una mañana de Reyes, por la tarde había quedado con mi chica para ir a la cabalgata, comer el rosco y pasar un buen rato. Que gustazo, la tarde libre. Esta ocasión se daba pocas veces en la empresa. Podríamos decir, que no se regalaban muchas horas libres a los empleados, el tiempo es tiempo, y vale dinero. Claro, la empresa está para ganar dinero, no para dar tardes libres. Cuánto han de aprender algunos!.

-“Pablo, pasa un momento”.

-“¿Si?”

-“Esta tarde vente a las cuatro que tenemos que comentar una  cosa”.

A la mierda mi tarde libre!

 

¿Qué sorpresa me tendría preparada el campeón de mi jefe?

Ya en la mesa, me encuentro rodeado por las dos figuras, el campeón del mundo y su pelota gorda. Sí, la ballena de la que hablaba hace un momento, había entrado a trabajar, era un compañero más. Bueno, lo de compañero sería discutible, ya que por aquella época ya había ejercido de chivato en contra de mis compañeros reales. Qué lástima, lo tratamos como a uno más y nos lo pago como un puerco chivato. “papa, papa, el programa se rompe”, “papa, papa, nadie me hace caso”, “papa, papa, yo tengo que arreglar lo que rompen los demás”, “papa, papa….”. En la cárcel a este tipo de personas, se les abre el ojete y se les mete el palote, si haces eso en el ejército, bueno, no sé lo que te harán en el ejército, pero nada bonito, desde luego. ¿Saben lo que se les hace a esas personas en algunas empresas?

-“pablo, a partir de ahora esta persona será el nuevo jefe comercial”

Azul, verde, morado, gris, rojo, en fin, estoy enumerando los colores de mi cara al oírlo. Qué bonitas palabras, que campeón es mi jefe, el ayudante de zapatero va a ser jefe comercial. Increíble.

Se habría ante nosotros un nuevo futuro, un futuro prometedor, un futuro donde las ventas se iban a suceder una tras otra, un futuro en el que íbamos a despegar por fin, olvidando tiempos menos proclives. Realmente, teníamos ante nosotros, el principio de la era del caos, la era del mundo al revés, la era más negra que jamás he vivido.

Las siete de la tarde. Me fui a ver la cabalgata.

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