Capítulo VIII. 5ª parte. Las torres.

Estaba comiendo y de repente una gran explosión en un rascacielos. Madre mía, las torres gemelas. Llegué al trabajo y al llegar todos comentábamos lo sucedido. El jefe en su triste pecera, se sentía solo. Salió y comenzó a divagar. Todos callamos, como siempre. Era el turno de escuchar al listo, al señor que todo lo sabe.

-Eso de las torres esta chupado, yo cuando llevaba la avioneta….aquello sí que era complicado cuando pasabas por las chimeneas…lo de las torres esta chupado….cualquiera pone un avión dentro de la torre.

Yo no sabía si era fácil o difícil estrellar un avión contra una torre, así que como siempre asentí y pensé, “joer, cuanto sabe mi jefe, el tío sabe de todo”.

Llegué a casa, era un once de septiembre, puse la tele, hablaban unos pilotos comerciales de grandes aviones comerciales:

-para hacer colisionar un avión de estas dimensiones con una torre, tienen que haberse formado en algún sitio o ser pilotos en activo, ya que es una maniobra muy complicada.

Joder! Otra fantasmada de mi jefe, si que sabe mi jefe.

En fin, las once, me voy a la cama.

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Capítulo VIII. 4ª parte. La comidita.

¿A quien no le apetece un arrocito en Castellón? Pues nada mejor que ir al Arropes y tomarte un arrocito de marisco, o un arrocito de bogavante. Mmmmm….que bueno, la verdad. Pero no, no es lo mismo ir porque te apetece, a que te digan:

-Pablo, ¿te puedes quedar a comer hoy? Tengo algo que comentarte.

Vaya, otra sorpresa de mi super jefe. Joder! Que harto estoy de sorpresas, ¿de qué se tratará ahora?

-¿qué tomaran los señores?

-un arroz de marisco y unos pescaditos.

-¿tomarán vino?

-no, no, yo un agua.

-otra para mí.

.yo agua también.

Tres aguas, no hace falta decir entonces que éramos tres los comensales. El campeón, la ballena y el que escribe.

NO había empezado a catar el agua ni a probar el pescadito cuando empezó el acoso.

-¿quién…? ¿Por qué…? ¿Cómo…?

Nada, estaba  claro. No iba a comer a gusto esa tarde. La comida solo era una excusa para maltratarme sicológicamente. Me atacaban a dos bandas. Querían que les explicara por qué la gente tenía manía a la ballena, al puto chivato.

¿Yo? Yo, que sé. Preguntadle al que lo sepa. ¿Yo?. Yo no soy un puto chivato. Yo no voy a hablar por mis compañeros, yo no voy a ser otro puto chivato. ¿Por quién me han tomado? ¿Por otro ballenato?

Y yo no hablé. Solo hubo silencio. Mi silencio.

-Aquí el único que se ha preocupado por la empresa es este señor, y tu, o estás con la empresa o contra la empresa.

Desde ese momento, mi puto jefe dedujo que yo estaba en contra de la empresa. Qué triste. Qué poca memoria histórica. Qué triste.

El campeón de mi jefe acababa de dejarse engañar por el ballena. Tan inteligente que se cree, y cae en la trampa. Yo soy fiel a mis principios y no voy a traicionar a nadie. Y él se deja engañar por la ballena. Yo soy fiel a mis compañeros y no voy a hablar por boca de nadie. Y él se deja engañar. Tan listo que te crees! Y eres el más imbécil de todos! Tan listo que te crees! Y no sabes distinguir entre una persona con principios y una puta ballena chivata. No distingues entre mí y un hijo de puta.

Menuda tarde me esperaba. Sin comer. Habiendo sido el blanco de estos dos cabrones. Y mi jefe se olvidaba de quién era yo.  Mi jefe no sabía distinguir entre el bien y el mal. Mi jefe no supo entenderme y cayó en la trampa del puta. Joder! Ese fue mi fin.  Pero no me arrepiento. Podía haber sido otro puto chivato y elegí  otro camino.

En fin, supongo que nadie sabrá por lo que pasé, nadie comprenderá lo que fue para mí callar, nadie querrá entenderlo. Aquel silencio siempre quedará en mi memoria. Aquel silencio marcó mi final. Aquel silencio me convirtió en malvado. Me convirtió en lo que soy ahora. Nunca olvidaré aquel silencio. Mi Silencio.

Vaya tarde me esperaba. Las siete. Adiós.

Pd. Gracias Silencio, a ti te debo lo que soy.